La del agua, en el Bernabéu, fue mi primera final. ¿Era el 95? Creo que en esa temporada comencé a profesar esta religión. Recuerdo que ya la vi en esta, nuestra casa “nueva ” (osti, ahora me doy cuenta de que no lo es tanto). Llevaba una bufanda del Valencia qe un amigo de mi padre me había regalado, atada de la muñeca. Recuerdo que recorrí el pasillo con el puño en alto, como si volara, cuando Mijatovic marcó. En esa ocasión no me abrí la cabeza, ya lo había hecho unos años antes, en la calle de abajo. Poco después jugamos lo que quedaba de partido. Como no ganamos, mi padre es parco en palabras, y no tenía (ni tengo, qué triste) amigos futboleros…me bajé con mi abuela (que en paz descanse y de arriba nos mande fuerzas mañana) a jugar a la brisca con ella y su amiga Julia (que en paz descanse, y de arriba nos mande fuerzas). Aunque a mi siempre me gustaron más el sinquet o el tontico.
La siguiente final fue apoteósica, o al menos así la recuerdo, pero por desgracia, contenida. Echando cuentas, estaría a un més de cumplir los 15. Fui a Mestalla con mi hermana, mi cuñao, y mi concuñao. De esa final recuerdo muchas sensanciones y pocos momentos; que todos estábamos desbordados y confiados, que entré volando, sin tocar el suelo, en Mestalla, arrastrada por la masa. Que mi cuñao tiró por los aires varias veces a mi hermana, y que mi concuñao, en el tercer gol, se envolvió en la señera gigante que aún conservo y mañana sacaré, y se echó a llorar. Sé que recorrimos las calles hasta el coche ondeando y gritando, y que de camino a Cheste tocamos el pito y nos reconocimos en las miradas eufóricas de otros valencianistas como nosotros.
Ya no hubo más finales celebradas. Ya he contado muchas veces cómo fueron las de Champions para mi, y cómo de la frustración de Milán, guardé muchos años una cicatriz en el brazo. De la de UEFA no recuerdo nada. El año del doblete fue extraño para mi valencianismo. Seguí las semifinales contra el Villareal y un par de partidos de Liga mediante Internet, desde Santiago de Chile (ah…Chile, Chile, poh…).
El Corsa vivió la segunda Liga de Benítez, eso sí. Mi hermana y yo no íbamos a quedarnos en casa, viendo como mi padre y mi cuñao disfrutaban viendo retorcerse a los madridistas de las cadenas nacionales. ¡Y un jamón! Hacía apenas dos meses que me había sacado el permiso. Aquella noche de mayo, cercana a mi 20 cumpleaños, fue la primera vez que entré con el coche en Valencia, por la Avenida del Cid, la Plaza España, la calle Bailén, Xàtiva y al parking de la Fnac. Fue un recorrido victorioso, apoteósico y triunfal; un preludio al que horas después realizarían Carboni, el Piojo López, Anglomà, Ranieri, Farinós, MENDIETA, Cañizares, Ilie, Roche, Luís Milla…en el autobus de las glorias. Y que nadie me pregunte cómo pude (estaba acojonada al volante), pero en esas ocasiones, todo funciona solo. Igual que cuando la masa me arrastró hacia dentro de Mestalla.
Ayer tenía decidido no vivir esta final, la de mañana. No ando bien de los nervios, he tenido problemas, y solo me falta más tensión y sufrimiento. Y entre todos mis amigos y familiares sigo sin contar con alguien que realmente pueda sentarse a soñar y hablar conmigo sobre este sentimiento tan por encima de presidentes destroza clubs, o entrenadores destroza plantillas…que es el sentimiento hacia el Valencia CF. Que es el sentimient de cualquier buen aficionado a su equipo, por encima de toda circunstancia. Pero solo una frase, de una sportinguista que simpatiza con el Valencia y mañana me acompañará, ya veis, me dio el primer empujón. Y el oficio, el siguiente: “tú, Gemma, como muy tarde en la Plaza de Toros a las 20.30, te acreditas cuand vayas a por las entradas, te llevas el móvil, y te llamaremos para que nos cuentes ambiente, celebraciones, miserias, entrevistas a aficionados, te aceercas a al Ayuntamient…lo que se de esa noche”. Así es, voy a vivir mi primera final como periodista. De una forma velada y descafeinada, pero voy a hacerlo. La vida te pone resortes en el camino para quee le sigas encontrando sentido y sigas funcionando.
Así que ya está preparado eel cargamento: dos camisetas, tres bufandas, pulsera y pendientes de la suerte, la señera y la bandeera del Valencia. Y cuando acabe el partido, correremos hacia casa de nuestra amiga María, justo al lado, la realmete futbolera y valencianista conmigo, que no podrá acompañarnos por un motivo de salud, y cantaremos debajo dde su casa, y le obligaremos a bajar para que demos una vuelta en el Corsa, y luego iremos a la Plaza del Ayuntamiento, visitaremos Mestalla, nos subiremos al Monumento a la Afición, y yo dispararé la cámara cientos de veces, para inmortalizar este momento; habrá niños con bufandads, mujeres con las camisetas arremangadas, hombres con las carass pintadaas, valencianistas acuáticos, coches tuneados con telas y notas al viento, hileras de masclets y pólvora reventando sin control, cava, cerveza, volando por los aires, parejas besándose, amigos abrazándose, consignas populares desde gargantas anónimas…