La partida acaba de empezar, y no es ninguna novedad (pero tampoco he tenido más tiempo para escribir sobre lo reflexionado). La vergüenza vivida el jueves en Mestalla no fue, ni de lejos, el último capítulo de este esperpento que el Valencia está sufriendo realmente desde hace cuatro años, palpablemente desde hace dos.
La estrategia de Villalonga fue clara; con toda la labia y la elegancia del mundo, echó a Juan Soler a los leones, a los de la afición y también a los de la prensa, que excepto casos irremediables, se han reposicionado. Dio la carnaza que todos necesitábamos y queríamos, nos confirmó con datos claros e irrebatibles (y suyos, que de su bolsillo los pagó) lo que ya nos olíamos. Y dejó en pañales a la prensa deportiva valenciana (a mi se me hubiera caído la cara de vergüenza) con aquel “¿Saben ustedes a cuánto asciende la deuda real del Valencia? ¿No? ¿Tantas horas de radio y televisión, tantas páginas en prensa, tanto interés, tanta expectación…¿y no saben cuánto debe realmente el Valencia?”.
Sin tener ese contrato de preferencia que tiene Soriano (sí, y que se vaya fiando de lo que dice e incluso firma ese hombre de decisiones firmes que es Soler…), Villalonga dejó al hijo de papá con una sola opción. Una sola opción que no sabremos si dentro de su locura y desequilibrio hará efectiva, pero que hoy por hoy es su única salida de un club que en el fondo lo detesta porque lo ha destrozado y devaluado hasta límites insospechados.
Villalonga no es trigo limpio (¿y quién lo es?), ni valencianista de pro ni ningún tipo de ser alado que gratuitamente venga a salvar al Valencia, que por desgracia es tan club y sentimiento como empresa. Pero es un tío listo, ganador, entusiasta (menudo encantador de serpientes, solamente hay que oirle hablar o leerle las entrevistas que está dando sobre el tema), con visión, capital y contactos. Y eso es justamente lo que el Valencia CF necesita en un momento tan, tan delicado; al borde de la causa de disolución, atenazado por el estallido del pelotazo y amenazado de no jugar en Europa si no paga cierta cantidad a clubes extranjeros antes de diciembre. Por poco que a muchos guste Villalonga y sus negocios, hoy por hoy parece la única alternativa de futuro inmediato posible para un enfermo en estado terminal, que ni siquiera depende ya de sí mismo.
La inmediata, visceral, rabiosa y avergonzante respuesta de Juan Soler y Vicente Soriano a la rueda de prensa de Villalonga era otra muestra más de que vivimos una rocambolesca partida de ajedrez en la que, por cierto, los aficionados tenemos bastante que decir. Otra señal de su total inoperancia e ineptitud para resolver un problema que ellos mismos han creado y del que no es posible salir excepto de dos maneras; vendiendo (y por mucho que afirmen sin pruebas, no tienen quién les compre) o huir hacia delante y arrastrarnos a todos a su ruina. Imagino que por muy meninfots que nos tengan, tan suicidas no seremos.
Menuda teoría de la conspiración que está dando sus últimos coletazos, que por cierto serán los más escandalosos, sorprendentes e intensos. La vergüenza de un club de fútbol convertido en de putas, desgobernado, cambiante, poseído por el espíritu esquizofrénico y caprichoso del niño rico que nada trabajó para ganar lo que tuvo, es ahora la esperanza que nos queda a muchos. Que siga el espectáculo lo que sea necesario.
Escrito por Gemma Jordán Vives 


