Hace casi dos años, esperando en el aeropuerto de Paris-Orly el avión que nos devolviera a Valencia, Altea me habló de un concepto en el que yo no había caído, pero que ya era pan de cada día para muchos: los “no-lugares”. Una sala de espera de aeropuerto, por ejemplo, sería un no-lugar: dará lo mismo que estés en Nueva York, Sri Lanka o Marraquech: no te enterarás porque será una sala de espera anodina más. Igualmente podrían servir lugares como el McDonald’s, los grandes centros comerciales, las salas de espera de hospitales y clínicas, o las oficinas llenas de cubículos cerrados y ocupados por pequeñas abejas obreras. No encontrarás diferencia entre uno y otro, nada te hará sentir en un lugar concreto, nada te hará sentir algo especial ni ser consciente de dónde te encuentras.
Bien podría ser una forma de alienación social más, pero eso es demasiado profundo, y tampoco acabo de decidir si opino tan dramáticamente o no. Lo que me interesa es que desde esa revelación de mi compañera de viajes, me he fijado y he ido cayendo en la cuenta de que vivimos muchísimo más en no-lugares de lo que pensamos. A esta reflexión ayudó también otra compañera de viajes, Lourdes, cuando el marzo pasado caminábamos de noche por El Arenal, Mallorca,
y nos dábamos cuenta de que, a pesar del inmenso encanto de la isla, esta zona era exactamente igual que las zonas turísticas de Cullera, Gandía, La Manga del Mar Menor, Benidorm, Benicassim, Marbella, Torremolinos… daría lo mismo estar en una localidad u otra, veríamos lo mismo. Entonces, ¿existen algunos sitios que sean no-lugares?
Después vine a Madrid, y en mi primer paseo por el conocido y ricachón Barrio de Salamanca, me percaté de que salvando pequeñas diferencias, (tamaño de algunas calles, lujo en ciertos escaparates muy muy exclusivos) era exactamente igual que toda la zona de Jorge Juan, Cirilo Amorós y Poeat Querol de Valencia.
Las construcciones son de la misma época y el mismo estilo, al igual que la configuración y la distribución de las calles, y como no, el tipo de gente que allí vive, pasea, trabaja y compra en exactamente las mismas tiendas (Etro, Sephora, Paquita Ors, Gastón y Daniela, Adolfo Domínguez, Musgo, Farrutx, Kabak, Purificación García, Hungaro, Kabak, y colándose entre los exclusivos, Cortefiel, Zara Home y Coronel Tapiocca..,vamos, que solo faltaba que aparecieran por allí la Galería Jorge Juan y Soler paseando hacia su domicilio).
Al final, como además paseaba con Obrint Pas en el mp3, me encontré desorientada y metida en un bucle de no-lugares que me dejó paralizada durante segundos. Ya no sabía si acababa de salir de la calle Serrano para buscar Hermosilla o acababa de dejar Colón o Reino de Valencia para colarme por Cirilo Amorós o Ruzafa.
¿Somos conscientes de la homogeneización en la que residimos? ¿Es esta proliferación de no-lugares buena, mala, inocua, o un hecho totalmente normal en el que no caemos porque en realidad nos acomoda en la rutina y todos estamos medio necesitados de ella para sobrevivir y no sentirnos continuamente extraños?
Yo creo que, aunque asusta, eso sí, su proliferación y los efectos que tienen sobre las personas, los no-lugares son elementos completamente normales, instalados en nuestro ideario y nuestra memoria genética. Necesarios, como ya he comentado, para la supervivencia, y fruto tal vez de esos rasgos que a todos los seres humanos nos unen. A los no-lugares los convierten en lugares singulares los pequeños (o grandes) detalles: el Barrio de Salamanca tiene cerca el Retiro, la zona de Poeta Querol de Valencia tiene el Mercado de Colón. Y así sucesivamente, con sus pequeñas historias, la luz diferente de cada ciudad, las formas de pasear las calles y de llenar las terrazas que tiene cada habitante o cada visitante, la forma de limpiar o conservar todos esos lugares, los modelos de coches que por ella circulan, los precios de los menús expuestos en las aceras, la abundancia de distintos tipos de cervecerías o cafeterías…y los ojos con los que cada uno escudriña ( o no) cada rincón, cada cartel, cada escaparate, cada paso de cebra, cada maceta… son los que dan vida y personalidad a los cada vez más abundantes no-lugares.



Escrito por Gemma Jordán Vives
Escrito por Gemma Jordán Vives
Ayer llegaron los medallistas españoles que quedaban en Pekín. Bastante gente les esperaba en el aeropuerto de Barajas para recibirlos como a héroes, lo que me parece estupendo, que para eso la mayoría ha estado trabajando en el anonimato, comparado con otras estrellas, para colgarse una chapa en el cuello.
da vez más enganchada a los deportes que nos ofrecen la Wii o la X-Box, cada vez más pasiva y pasota, y que unos medios deportivos como los que por desgracia campan a sus anchas por nuestro panorama, se atrevan a criticar, en lugar de alabar, las 18 medallas que con tanto esfuerzo y tan pocos apoyos han conseguido nuestros deportistas, más todos los diplomas obtenidos (ojo, que eso significa estar entre los 10 mejores del mundo), es de vergüenza.
Escrito por Gemma Jordán Vives 








