El Yoyas analiza

Enero 31, 2009

* Pido disculpas, si alguien ha leído esta entrada, porque sí, no es cosa de su ordenador; el enlace a youtube no ha funcionado. Estoy intentando solventar el problema, si no lo consiguiera, dejaré esta entrada más o menos atemporal, para pasar a comentar algo que he tenido la desgracia de oír esta mañana en Canal Nou. Paciencia.

Y cuando participó en Gran Hermano no parecía más que un macarrilla de periferia. Ya quisieran (quisiéramos) muchos para nosotros, la facilidad crítica de este chico, respecto a ciertos personajes….

(Del minuto 2.41 al 4.20)


Rally inconscientes-pijos

Enero 18, 2009
Foto de Reuters

Foto de Reuters

  Un invierno más, tenemos a los falsos héroes del rally más famoso destrozando parajes vírgenes y exhibiendo su podería tecnológico en tierras explotadas, empobrecidas, olvidadas y, lo que es peor aún, vírgenes y “protegidas” en muchos casos. Y un invierno más tenemos a todos los reporteros, chaleco o camisa de Coronel Tapiocca en riste, narrándonos, vendidos e impasibles, las proezas de esos inconscientes-pijos que no corren ningún peligro excepto al que ellos mismos voluntariamente se exponen. Ningún medio de alcance, nadie con algo de voz y voto, tiene los arrestos suficientes para contar el otro lado, la verdadera realidad de esa estúpida competición deportiva que ha perdido sentido hasta en su nombre. Primero fue el norte y el corazón de África el lugar elegido para las carreras de gallitos motorizados. Naciones con hambruna, en plena guerra civil, campos de refugiados y exiliados, aldeas y tribus paupérrimas, colectivos y conflictos completamente olvidados por el arrogante hombre blanco, eran atravesadas con maquinaria pesada, opulenta y destructiva, dejando a su paso solo polvo. Por si no habían tenido bastante con ser colonizados y explotados primero, y abandonados a su suerte después, cuando ya no interesaba, (como hizo España con el Sahara Occidental), ahora, además, los usamos para nuestros jueguecitos. La arrogancia de la “civilización” contra el silencio impuesto a la “barbarie”.

Luego llegaron los problemas políticos, los atentados, la inseguridad, los boicoteos a la carrera. Y estos aventureros de pacotilla, inconscientes y pijos, huyeron con todo su circo al sur de América, no sea que la piedra de algún africano hasta los huevos de tanta tontería les rompiera el cristal y les fastidiara el juego.  Le llegó el turno a uno de los parajes más vírgenes, peculiares, vastos y sobrecogedores que existen; el desierto de Atacama. El más árido del planeta, el que sufre más variación de temperaturas extremas entre la noche y el día, el lugar de uno de los fenómenos más hermosos de la naturaleza, cuando una vez en decenas de años, cae lluvia, y todas las semillas que han estado aguardando bajo estallan durante unos pocos días en un manto de miles de colores. 

Foto de atacamacaj.cl

Foto de atacamacaj.cl

  ¿Qué pasará con estas semillas, con esta tierra que las guarda, después del paso de los camiones, todo terrenos, helicópteros y motocicletas del rally inconscientes-capullos? ¿Con los sistemas de dunas destrozados? ¿Quién se acuerda de las especies endémicas alteradas o destrozadas? ¿Quién habla de los atropellos a nativos durante años silenciados? ¿Quién da voz a los colectivos que intentan informar sobre el contra-punto? ¿Cómo nos sentaría que la prueba fuera al revés, que fueran ellos los que invadieran nuestras playas, nuestras sierras y nuestras ciudades con esas monstrusidades contaminantes?

Me pregunto si todos esos corredores fanfarrones se han preocupado por conocer las historias que encierran los lugares por los que pasan a toda leche. Si de verdad se sienten pioneros o importantes, atravesando, por ejemplo, el “despoblado de Atacama”, sabiendo que durante siglos, ese desierto era atravesado, explorado y trabajado por pobres mineros que han dormido, comido, charlado y muerto a la interperie, para ganarse la vida trabajando, en muchos casos explotados, por compañías la mayoría de las veces, encima, extranjeras. Esos sí que eran héroes de verdad, y no estos pijitos de gimnasio, con sus monos forrados de publicidad, sus reservas de combustible, sus víveres, sus teléfonos satélita, GPS y servicios sanitarios y mecánicos dispuestos a llegar, raudos y veloces, al lugar donde el participante de turno no ha visto que es que había un barranco. Pues mira, aún te pasa poco, por correr por donde no te importaba y no ser capaz de mirar más allá del cristal de tu vehículo o tu casco. Yo no me alegro, pero desde luego, ni pena ni admiración siento nunca por alguien que ha muerto o se ha herido haciendo el tonto. Sin ningún otro objetivo.

Los gobiernos, que en estas situaciones no pintan nada que no sea untarse la vaselina y poner el culo en pompa, se callan traicionando a sus naciones. ¿Qué saharauis, que nigerianos, congoleños, cameruneses, chilenos, senegaleses, españoles, argentinos o egipcios se han visto realmente beneficiados por el rally inconscientes-pijos? Jus jus, los mismito, igualito, que los zaragozanos con la Expo o los valencianos con la Fórmula I.


Humildad

Enero 17, 2009

penagolosa2  Las grandes ciudades a mi me han gustado siempre para visitarlas, y poco más. A veces ni eso. Aunque no soy mujer de campo, en absoluto, rara vez he sentido fascinación por sitios como Madrid, o Barcelona, o París, o Londres, ni siquiera Santiago de Chile, a pesar de ser más lejana y poder resultar más exótica. Es toda la fascinación que me falta en esos lugares, la que he sentido en la Sierra de Grazalema, en la de Tramuntana, en Calblanque, en Sierra Morena, en las enormes Playas de Cádiz, en el río Tiemblo, a los pies de los Andes o del Peñagolosa o cada vez que viajo en el correo, o el borreguero, vamos, el Regional que va hasta Madrid.

calblanque
Y supongo que será porque no sé buscar bien y los circuitos y las programaciones más convencionales y comerciales no nos lo ofrecen, pero siempre estoy echando en falta libros, programas, series y películas que reflejen la realidad y las historias que encierran esos lugares.
Ayer ví el trailer de “El truco del manco”, película española que parece que pinta bien, pero que por enésima vez, se centra en narrar las aventuras y desventuras de barrios periféricos o suburbios de las grandes ciudades. Lo cierto es que esa tendencia ya me aburre, y hay productos muy buenos, y estos lugares son muy peculiares y coloridos, pero no son los únicos que existen, a pesar de ser (parece) los únicos comunicados. A veces echo en falta que se cuente y se hable sobre esa vida de la que todavía queda en España, a la que muchos no han querido renunciar, algunos vuelven, y de la que muchísimos más venimos, en la cual tenemos nuestras raíces.
Pensando en esto, ayer recordé que el año pasado, en el festival Inquiet de Picassent, pasaron un corto sobre una mujer nonagenaria que vivía sola en la montaña, a los pies del Peñagolosa. No recordaba el nombre del documental, así que cogí el llibreto, o libreto, o programa (Julio, si lees esto, ya me dirás cómo le llamo a ese librito, que no lo sé) de la tercera edición del festival de cine y la busqué. “Humildad”, si es que no podía llamarse de otra manera.
Me ha costado bastante encontrar un lugar en la red donde encontrarlo entero (pues no, en Youtube no está todo), pero al final lo he conseguido, en el MySpace de Iñaki Antuñano, autor del corto junto a Martín Román. Pero no he conseguido colgarlo en mi espacio, así que aquí os dejo dos enlaces para poder verlo, y así variar un poco lo que entra por nuestros ojos.

http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&friendID=343091110

http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=5882384

* Por cierto, no, las fotos no son mías. Más quisiera.


Breve retirada

Enero 13, 2009

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La verdad es que últimamente estoy cerrando o abandonando temporalmente este blog con demasiada frecuencia. Motivos existen, claro.
Durante estos días, (si no ocurre algo gordo, como siempre) “Todo a cien” vuelve a quedarse en ’stand by’ desde hoy, y no sé hasta cuándo.
Me falta tiempo y ganas, y me sobran responsabilidades y estos cansinos problemas de salud. Por suerte, parece que poco a poco se van cerrando esos insidiosos capítulos sanitarios que llevo sufriendo desde finales de mayo, y que tanto me han condicionado. Se van cerrando pero todavía quedan los últimos coletazos, unos últimos coletazos que, lo reconozco, me dan mucho miedo, un miedo que me bloquea y no me deja pensar en apenas otra cosa.
Y si hay tiempo para pensar en algo más, es en los exámenes que comenzaré en tres días.
Así que hasta más ver, que ojalá sea pronto. Y que la próxima que “reabra” la escritura en este espacio, sea para no abandonarla tanto.

Abríguense, que vienen fuertes


Más al árbol

Enero 3, 2009

- Fíjate Bart, la tribu de la cueva que encontramos adoraban al sol, el agua y a los búfalos.

- Madre mía Lisa, menos mal que al final entramos en razón, y ahora adoramos a un carpintero que murio hace dos mil años.

Así de simple era el diálogo que resumía en un capítulo de Los Simpsons, los cambios en la espiritualidad del ser humano a lo largo de la Historia, y cómo esa espiritualidad está definida, a la par que define, la forma de mirar nuestro entorno y la manera de relacionarnos con él. Los nativos de América, al igual que otras tribus y culturas de la “antigüedad”, adoraban a elementos como el sol, el agua, el viento, la lluvia, la luna, algunos animales, la tierra…porque no habían logrado desentrañar de una manera completamente científica los misterios con los que la Naturaleza les sorprendía contiumente, y porque, además, eran su sustento, su medio de supervivencia, y a pesar de explotarlo, a ese medio le rendían cierto respeto.

Nuestra cultura está ahora dominada, sobre todo, por las creencias monoteístas y la tradición judeo-cristiana. Así es, “adoramos” a un carpintero que murió hace dos mil años, después de dejar, eso sí, una importante huella. Huella que por desgracia no se ha seguido como debiera y que solo se encuentra ya, en su originalidad, en los libros. Pero a lo que íbamos, es curioso el cambio que fueron sufriendo la espiritualidad, las creencias, a la medida que pasaba el tiempo, y como este cambio afectó también a nuestra cosmovisión.

Algunas de las tendencias más “radicales” del cristianismo, afirman que Dios le dió la tierra al hombre para que la explotara, se multiplicara, la habitara y dominara. Los resultados de llevar esas directrices a raja tabla, los estamos viviendo ahora; crisis de alimentos, crisis energética, crisis en el clima, problemas, problemas, problemas… vemos desaparecer los recursos y vemos como, los que quedan, se revelan contra nuestra especie.

Los “antiguos”, sabían bien que de esos recursos dependían, y les rendían, por tanto, uno de los más grandes respetos, una de las más grandes pleitesías, una fe o creencia dirigida a ensalzarlos. Y bien mirado, es hasta más lógico: venerar a aquello de lo que dependes para subsistir, que a un señor que pasó por el mundo hace dos milenios. Lo mismo la postura absurda, en realidad, es la nuestra. Lo mismo, sin dejar de lado el mensaje de aquel Galileo, convendría mirar un poquito menos al carpintero, y más al árbol que le da sustento.