
Foto de Reuters
Un invierno más, tenemos a los falsos héroes del rally más famoso destrozando parajes vírgenes y exhibiendo su podería tecnológico en tierras explotadas, empobrecidas, olvidadas y, lo que es peor aún, vírgenes y “protegidas” en muchos casos. Y un invierno más tenemos a todos los reporteros, chaleco o camisa de Coronel Tapiocca en riste, narrándonos, vendidos e impasibles, las proezas de esos inconscientes-pijos que no corren ningún peligro excepto al que ellos mismos voluntariamente se exponen. Ningún medio de alcance, nadie con algo de voz y voto, tiene los arrestos suficientes para contar el otro lado, la verdadera realidad de esa estúpida competición deportiva que ha perdido sentido hasta en su nombre. Primero fue el norte y el corazón de África el lugar elegido para las carreras de gallitos motorizados. Naciones con hambruna, en plena guerra civil, campos de refugiados y exiliados, aldeas y tribus paupérrimas, colectivos y conflictos completamente olvidados por el arrogante hombre blanco, eran atravesadas con maquinaria pesada, opulenta y destructiva, dejando a su paso solo polvo. Por si no habían tenido bastante con ser colonizados y explotados primero, y abandonados a su suerte después, cuando ya no interesaba, (como hizo España con el Sahara Occidental), ahora, además, los usamos para nuestros jueguecitos. La arrogancia de la “civilización” contra el silencio impuesto a la “barbarie”.
Luego llegaron los problemas políticos, los atentados, la inseguridad, los boicoteos a la carrera. Y estos aventureros de pacotilla, inconscientes y pijos, huyeron con todo su circo al sur de América, no sea que la piedra de algún africano hasta los huevos de tanta tontería les rompiera el cristal y les fastidiara el juego. Le llegó el turno a uno de los parajes más vírgenes, peculiares, vastos y sobrecogedores que existen; el desierto de Atacama. El más árido del planeta, el que sufre más variación de temperaturas extremas entre la noche y el día, el lugar de uno de los fenómenos más hermosos de la naturaleza, cuando una vez en decenas de años, cae lluvia, y todas las semillas que han estado aguardando bajo estallan durante unos pocos días en un manto de miles de colores.

Foto de atacamacaj.cl
¿Qué pasará con estas semillas, con esta tierra que las guarda, después del paso de los camiones, todo terrenos, helicópteros y motocicletas del rally inconscientes-capullos? ¿Con los sistemas de dunas destrozados? ¿Quién se acuerda de las especies endémicas alteradas o destrozadas? ¿Quién habla de los atropellos a nativos durante años silenciados? ¿Quién da voz a los colectivos que intentan informar sobre el contra-punto? ¿Cómo nos sentaría que la prueba fuera al revés, que fueran ellos los que invadieran nuestras playas, nuestras sierras y nuestras ciudades con esas monstrusidades contaminantes?
Me pregunto si todos esos corredores fanfarrones se han preocupado por conocer las historias que encierran los lugares por los que pasan a toda leche. Si de verdad se sienten pioneros o importantes, atravesando, por ejemplo, el “despoblado de Atacama”, sabiendo que durante siglos, ese desierto era atravesado, explorado y trabajado por pobres mineros que han dormido, comido, charlado y muerto a la interperie, para ganarse la vida trabajando, en muchos casos explotados, por compañías la mayoría de las veces, encima, extranjeras. Esos sí que eran héroes de verdad, y no estos pijitos de gimnasio, con sus monos forrados de publicidad, sus reservas de combustible, sus víveres, sus teléfonos satélita, GPS y servicios sanitarios y mecánicos dispuestos a llegar, raudos y veloces, al lugar donde el participante de turno no ha visto que es que había un barranco. Pues mira, aún te pasa poco, por correr por donde no te importaba y no ser capaz de mirar más allá del cristal de tu vehículo o tu casco. Yo no me alegro, pero desde luego, ni pena ni admiración siento nunca por alguien que ha muerto o se ha herido haciendo el tonto. Sin ningún otro objetivo.
Los gobiernos, que en estas situaciones no pintan nada que no sea untarse la vaselina y poner el culo en pompa, se callan traicionando a sus naciones. ¿Qué saharauis, que nigerianos, congoleños, cameruneses, chilenos, senegaleses, españoles, argentinos o egipcios se han visto realmente beneficiados por el rally inconscientes-pijos? Jus jus, los mismito, igualito, que los zaragozanos con la Expo o los valencianos con la Fórmula I.