El pasado domingo, en el suplemente dominical El Semana XL, había un reportaje, sobre todo fotográfico, pero con algo de contenido interesante, sobre cómo la globalización ha hecho que la crisis de un país haya acabado extendiéndose y siendo perjudicial para todo el planeta.
Diez fotos de habitantes de diez países diferentes, con sus respectivas historias de reducción de jornada, paso al desempleo, embargos, obligados cambios de trabajo, inversiones perdidas y despensas vacías. Una de esas historias era la de un empleado estadounidense, Michael Savu, ingeniero automovilístico de Chrysler durante 29 años, que se veía obligado a dejar libre su puesto en menos de cinco minutos.
La foto de Michael Savu estaba realizada en el salón de su casa, sentados en el sofá él, su esposa y una de sus hijas. EL sofá está justo delante de un ventanal, a través del que se un paisaje nevado, y el ventanal está formado por un enorme cristal… ¿y saben lo que hay pegado en ese cristal, verdad? Exacto, no falla, la bandera de los Estados Unidos de América.
Me causa una sensación muy extraña esa imagen. Mucha gente dice sentir envidia por ese apego a los símbolos patrios de los estadunidenses (apego que, según gente que sabe, es solo un valor creado para darle algo de importancia a la historia de un país con muy, muy poca historia, pero bueno). A mi no me da envidia, me causa extrañeza, lo veo un sin sentido. El por qué es muy sencillo, y aunque el caso es casi asimilable a España, no llega tanto al extremo; si a mí, mi Estado, al que yo le pago, en el que yo confío (ji), el que se supone que me representa, me administra y tiene que velar aunque sea un poquito por mi integridad y mis derechos…ese mismo Estado, me coge el dinero, se lo inyecta a aquellos que ya favoreció anteriormente para salvarles el culo mientras a mi me deja sin culo al que socorrer, malgasta esos impuestos en conflictos que no traen ningún beneficio a la nación (joder, qué menos,¿no?), mal administra los recursos y las riquezas que poseemos, no se preocupa por formarme y conservarme bajo unos mínimos exigibles, y encima, cuando ya me ha dejado en pelotas, no me da apenas ninguna cobertura social… ¿saben lo que haría con la banderita de tal Estado, por mucho apego que le tenga? Sí, seguro que lo saben, o lo imaginan… No sé, a lo mejor solo son locuras de ser europea (porque me recalcan que lo soy, ¿eh? no por otra cosa…)
Escrito por Gemma Jordán Vives 
En la foto lo ven, Rita Barberá caracterizada como el increíble Hulk en plena transformación, flanquendo la ciudad y engullendo las llaves de la misma, la metáfora queda clara, ¿verdad? ¿Cuántas veces hemos oído aquello de que Valencia es una ciudad que se devora a sí misma? “Mira, ahí tienes una falla que no va a ganar el primer premio”, comenté. Y así fue, pero para muchos, en esos diez minutos que esperamos para ver cómo descubrían el rostro del ninot, Na Jordana consiguió que recordáramos cuál era el verdadero sentido de esos monumentos de cartón piedra y lo saboreáramos de nuevo. Y además la visita se fue satisfecha de haber visto algo de sátira. Menos mal que siempre nos quedarán las personas que ya están de vuelta de todo.
Escrito por Gemma Jordán Vives
La palma de esta práctica, ya ven, se la llevan los deportistas y equipos de la Comunidad de Madrid, en muchos deportes, no solo el fútbol (yo la vi y rabié por ello en un torneo nacional de artes marciales hace nada). No sé si será el rollo de superioridad que les da el ser la capital del país, el que les impulsa a cometer ese acto.
Escrito por Gemma Jordán Vives 


