Así de sencillo. Muchas personas, que todavía, aunque nos acepten, nos ven como estorbos, seres extraños, diferentes, no entienden que un juez no pueda tener esa posibilidad. Pero la explicación es totalmente lógica y está enmarcada dentro de la Ley: somos iguales, por tanto, tenemos los mismos derechos y obligaciones, por tanto, no puede haber excepciones para con nosotros. Y mucho menos nuestra condición sexual puede eximir de sus obligaciones a funcionarios del Estado o de las Autonomías, solo porque no cuadremos en su cosmovisión.
Nadie les obliga a que les parezca bien, ni les empuja a que se suban a ninguna carroza del orgullo ni ondeen ninguna bandera, pero su trabajo es su trabajo. Y es muy suyo, mal que les pese, sobre todo, cuando su trabajo requiere vivir de cara a la evolución de la sociedad y a las prestaciones a los ciudadanos de un país que intenta ser democrático.
Y por si a algún juez, a algún ciudadano, a algún lector…le quedaba alguna duda de por qué esto no puede ocurrir y por qué la sentencia del Tribunal Supremo es la correcta, aquí va un extracto muy significativo de nuestra Constitución,Artículo 14. Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Por cierto, que este Derecho a la Igualdad pertenece a los Derechos y Obligaciones Fundamentales, es decir, aquellos de los que no puede prescindir ningún estado que se denomina democrático y de derecho.
Corría esta mañana por el Campillo, entre Cheste y Chiva, cuando he tenido que parar el trote, o “footing”, noqueada por una mala noticia. Había pensado muchas veces, leyendo sus obras, que el día que este hombre muriera, yo me pondría muy triste. La noticia la he escuchado, qué cosas, en Europa FM, y la he cogido al final. Pero el hecho de que el protagonista tuviera 88 años y que su memoria fuera a recibir grandes homenajes en Montevideo me han puesto una alarma en el cuerpo que se ha confirmado una hora después, cuando he vuelto a casa, e Internet me ha confirmado lo que sospechaba.
Nos ha dejado Mario Benedetti. Hay personas que no deberían morir nunca, por Decreto Ley, pero, por Decreto Ley, la Ley de Vida, todos nos vamos tarde o temprano. Por fortuna, él se fue lo tardíamente suficiente para dejarnos retales de una literatura que rozaba lo sublime dentro de la sencillez.
Con sus versos me conquistaron un par de veces, y con sus versos he conquistado yo también. Si alguna vez el poeta uruguayo imaginó cuántos romances se formaron al calor de sus palabras, probablemente se vería abrumado, y contento, eso seguro.
No es esto ni un obituario, ni un pretencioso homenaje, de eso ya se encargan los expertos. Solamente es una forma de recordar que este fin de semana nos ha dejado un grande, que nunca debe caer en el olvido, y de agradecerle que a mi, como a tantos, me abriera las puertas de ese género a veces tan lejano que es la poesía. Y de pequeña, sin saber siquiera que era él, lo hiciera también con aquel otro, que para mi era desconocido, el cuento.
…siempre en nuestras mesillas de noche. Gracias, señor Benedetti.
“Benedicto XVI finaliza su viaje a Tierra Santa. El Papa pidió por la paz”. Así, más o menos, rotulaban en el Telediario 1 de TVE este mediodía la noticia del fin de la visita que durante una semana, Ratzinger ha realizado por Palestina, Israel y Jordania. Pero ayer, en El Economista, encontré una visión algo menos edulcorada (qué narices, nada edulcorada) de dicho viaje papal que yo diría que es casi de lectura obligatoria. Digo, para que no sigamos creyéndonos esa extraña realidad rosa e ideal que nos regalan todos los días, y veamos algo desde otro prisma.
Como no he conseguido encontrar esa columna, la de Javier Nart, en versión digital, la reproduzco aquí íntegramente.
LA COLUMNA INVITADA. JAVIER NART
El Papa en Palestina: la nada
Agotado por el ímprobo esfuerzo de concluir que el más eficaz remedio contra el sida en África es la castidad, Benedicto XVI ha viajado a Medio Oriente. Y allí ha vuelto a repetir obviedades acrecentadas por hacerlo en un lugar donde la metafísica arcangélica confronta a diario la física con el dolor.
Para el más elemental conocedor de la sensibilidad islámica, entrar calzado en una mezquita equivale a hacerlo a caballo en una iglesia. El Papa, por lo que se ve, es un mortal – o inmortal- ajeno al común de los seres humanos y en lugar de descalzarse pisa la mezquita de Amman retapizando sus alfombras. Hace años contemplaba una mezquita en el Darfur sudanés: la propia arena del desierto marcada con piedras y direccionada hacia La Meca que nadie osaba mancillar con sus zapatos. ¿Se acuerdan de la foto de otro Papa bendiciendo a los miserables de las chabolas de Kampala… evitando mancharse con el fancgo gracias a una alfombra roja que habían puesto a sus pies?
Medio Oriente vive una tragedia humana. Una tragedia cristiana: el progresivo éxodo de las comunidades maronita, copta, ortodoxa, católica, siríaca, caldea…que abandonan sus hogares, los países de sus antepasados, transformando lo que era una importantísima presencia cristiana en una uniformidad islámica – los israelíes ya se encargaron de expulsar a los palestinos cristianos en 1947-. Éxodo sumado a la bárbara represión israelí en la Palestina ocupada, donde los cristianos – como palestinos que son-, sufre acoso, expoliación, cárcel, ocupación, humillación y muerte… y allí llega el Papa, con sus melifluas invocaciones a la paz y la tolerancia. Como si Palestina fuera Luxemburgo. Como si los crímenes de Gaza de ayer no hubieran existido.
Eso sí, Benedicto XVI anima a los cristianos a que tengan coraje para hacer frente a la adversidad. El coraje que le falta.
Se equivocó y acabó enviando su amor propio directo al suicidio. En esa extraña suerte de conciencia inconsciente, metió el aparato verde oscuro, grande y viejo en el primer hueco donde cabía y salió a pegarse al asfalto, a los codazos ya sudorosos de la calle Colón valenciana a mediados de mayo.
Debía haberse ido a la playa a llorar y tomar fotos y lo sabía. Pero dejó que un billete amarillo oscuro y una agobiante obligación le compraran la poca autoestima que esa tarde le quedaban en el hinchado cuerpo. Era un error, un error fatal, y se dio de bruces con la realidad entre las perchas revueltas de medianas marcas internacionales. Al regreso, las rodillas temblaban, el estómago gritaba retorcido, y mientras el billete amarillo descansaba íntegro en uno de los pequeños bolsillos del bolso, las manos tendían, abiertas y vacías, en un socorro mudo hacia los desconocidos que ni siquiera le miraban. Vacías como su cabeza, que había ideado demasiadas situaciones para un solo día. Ni siquiera le dio para comprarse un libro barato con el que consolarse. Aunque acabó ahogando las penas en alguna delicatessen de una mantequería centenaria de Ruzafa, caprichos que solo una hora después entraban íntegros a la nevera. Quién sabía cuando los devoraría; no le convenía, si no quería repetir la misma deprimente escena de aquellas tiendas.
Error fatal, sabía que tendría que haber ido a rebozar sus estúpidas penas a La Malvarrosa, y acabó entregada a una de las actividades que más envilece al ser humano y más le deprimía a ella. Con el armario igual que unas horas antes y la nevera algo más llena, la cabeza martilleante y el corazón cansado metieron, a duras penas, las rodillas temblorosas a la cama. Eso sí, no puede quejarse; como venía sucediendo, pronto le venció el sueño y se olvidó de todo hasta un nuevo día lleno de tentaciones para errar fatalmente.
Es verdad y no una verdad inminente, sino que ya ha llegado y se ha instalado entre nosotros, la pandemia del siglo XXI, o al menos la de inicios de dicha época empieza a causar estragos; la hipocondría. En este caso, dirigida hacia la gripe porcina, o gripe americana, o gripe “A”, o virus H1n1, depende de lo dado que usted sea a usar eufemismos y quien le caiga peor, si los criadores de cerdos, los americanos en general o mexicanos en particular. A los rusos, por ejemplo, parece que les caen mal los granjeros, en concreto los españoles y por eso cierran sus fronteras a nuestra carne, da igual que todos los expertos por el momento afirmen que no se contagia por ingerir cerdo, o, peor aún, que todos los primeros casos de humanos afectados por esa enfermedad, hayan sido personas que viajaron a México recientemente y se contagiaron allí. Es de una lógica casi ridícula, pero cierto.
Los medios, además, estamos contribuyendo a extender y agrandar el pánico; para empezar, usamos términos sin tener ni idea de qué significan realmente, ni nos preocupamos porque los espectadores lo entiendan. Por ejemplo, la palabra “pandemia”; mire que suena mal, hablando claro, acojona. Pero, ¿qué es una “pandemia”? Porque estaría muy bien dejar claro que “pandemia” significa, según el diccionario de la RAE (ese gran y fiel amigo) “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.” Es decir, que ni todos vamos a contagiarnos irremediablemente, ni la raza humana va a desaparecer, ni esta es una de las plagas que profetizó Nostradamus. Ah, no, que lo de las siete plagas es de la Biblia, pero total, como aquí nos encanta poner a bailar juntas churras con meninas…El caso es que, empezando por ahí, la noticia deja de tener gravedad.
Después, si todos, no solo los medios, tuviéramos algo de calma, curiosidad y dos dedos de frente, combinación que suele ser utópica en algunos seres humanos y que suele dar como resultado la posesión de “criterio propio”, nos plantearíamos dudas como; ¿una enfermedad que de cogerse a tiempo se pasa y se cura como una gripe o un trancazo merece tanta alarma? ¿Nadie se plantea por qué los muertos se concentran en países con un sistema sanitario deficiente y en personas con un sistema inmune con problemas o no desarrollado? ¿Una enfermedad que afecta a 73 personas en un país de más de cuarenta millones de habitantes, y algo más de 1.600 en un planeta habitado por menos de 7.000 millones de personas, merece tanta primera plana? Entonces, ¿cómo consideramos a afecciones como el cáncer, el SIDA, la malaria, la tuberculosis o la desnutrición? O como esos afectan mortalmente solo a los habitantes del tercer mundo, nos da igual, ¿no?
La polución (que es la contaminación del aire, solo del aire) mata al año más de 16.000 personas de forma prematura en España, y la llegada de enfermedades mucho más graves y difíciles de controlar que la gripe porcina, como el dengue o la malaria, es una realidad para los habitantes de la Península Ibérica. ¿Sabían que en el río Mijares, que pasa, por ejemplo, por Requena, ya se encontraron el verano pasado mosquitos capaces de transmitir malaria? Pero estos datos, mucho más preocupantes y aterradores ni llaman la atención de la OMS, ni ocupan portadas ni convocan ruedas de prensa de jefes de estado y ministros. Tal vez contra estas enfermedades no hay “Tamiflu” en stock necesitado de ser vendido y usado. Porque esa es otra cuestión que hasta hace poco, nadie se ha planteado, ¿qué tajada sacan las farmacéuticas de todo esto? Porque beneficio obtienen alguno, seguro.
No sé, esta repentina y ridícula “pandemia” me causa tantas dudas y suspicacias en lugar de certezas, que casi prefiero no malgastar dinero en mascarillas ni antivirales que lo único que hacen es enriquecer a los de siempre a cambio de destrozar los nervios y desprestigiar el buen nombre de otros. Mejor invirtamos el tiempo en navegar, con criterio, por esa herramienta que es Internet y buscar algún dato, alguna opinión, que confirme o destroce nuestras sospechas. Sirvan de ejemplo algunos de estos vídeos y enlaces
Empecé a sentir simpatía hacia ese club de fútbol italiano, hoy a la sombra de la Juventus, hace dos o tres años, cuando conocí su historia y además me enteré (no, no me da vergüenza reconocer que tardé tanto) que el Valencia CF había sido fundado en un bar que llevaba justamente ese nombre, Bar Torino. Y que de él procedieron dos grandes y queridos jugadores, Wilkes y Anglomà.
El fútbol es un espectáculo, deporte ya ni de coña, tan masificado y enraizado que nos deja historias dramáticas e impresionantes, que ya se ha instalado en nuestra memoria y nos emociona con muchos elementos más que un gol. Hoy, cuando muchos medios quieren tapar las miserias de su equipo favorito dándole la espalda a la competición e intentando ordenar las despensas ajenas, es la efeméride de aquel accidente aéreo que acabó con una de las mejores plantillas de la historia del fútbol muerta. Pero mejor os dejo con dos enlaces que lo cuenten mejor y más extendido de lo que podría hacerlo yo.
Y yo digo que al que le pica,ajos come.Con las barbaridades cometidas por las religiones,les fastidia que saquen 4peliculitas criticándolos 11 hours ago
Anoche vimos "Ágora" http://bit.ly/FF2QL. Dice mi madre,ya la había visto, que muy bien hecha pero "no deja en muy bie a los cristianos". 11 hours ago
Hoy íbamos al teatro a ver "Adulterios",pero me da que el asunto se queda en un cine, ¿alguna recomendación? 1 day ago
Casi 48horas sin twitear!Bien,eso quiere decir q no estoy enganchada.Huí de los moteros en Cheste y estoy en Getafe.A estudiar se ha dicho! 1 day ago