Siempre en nuestras estanterías…

benedetti-1    Corría esta mañana por el Campillo, entre Cheste y Chiva, cuando he tenido que parar el trote, o “footing”, noqueada por una mala noticia. Había pensado muchas veces, leyendo sus obras, que el día que este hombre muriera, yo me pondría muy triste. La noticia la he escuchado, qué cosas, en Europa FM, y la he cogido al final. Pero el hecho de que el protagonista tuviera 88 años y que su memoria fuera a recibir grandes homenajes en Montevideo me han puesto una alarma en el cuerpo que se ha confirmado una hora después, cuando he vuelto a casa, e Internet me ha confirmado lo que sospechaba.

Nos ha dejado Mario Benedetti. Hay personas que no deberían morir nunca, por Decreto Ley, pero, por Decreto Ley, la Ley de Vida, todos nos vamos tarde o temprano. Por fortuna, él se fue lo tardíamente suficiente para dejarnos retales de una literatura que rozaba lo sublime dentro de la sencillez.

Con sus versos me conquistaron un par de veces, y con sus versos he conquistado yo también. Si alguna vez el poeta uruguayo imaginó cuántos romances se formaron al calor de sus palabras, probablemente se vería abrumado, y contento, eso seguro.

No es esto ni un obituario, ni un pretencioso homenaje, de eso ya se encargan los expertos. Solamente es una forma de recordar que este fin de semana nos ha dejado un grande, que nunca debe caer en el olvido, y de agradecerle que a mi, como a tantos, me abriera las puertas de ese género a veces tan lejano que es la poesía. Y de pequeña, sin saber siquiera que era él, lo hiciera también con aquel otro, que para mi era desconocido, el cuento.

…siempre en nuestras mesillas de noche. Gracias, señor Benedetti.

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