A Petra Ríos la mejor mendicidad le parecía la del músico, el malabarista o el poeta bajo demanda, que además le recordaba a los escribidores de las plazas de armas de las ciudades latinoamericanas. Por eso a ellos era a los únicos a los que de vez en cuando daba limosna.
Además, a Petra Ríos le molaba la provocación y siempre le había gustado la música popular iberoamericana. Así que cuando aquellos dos inmigrantes con pinta de andinos se subieron al tren en Atocha y empezaron a cantar, guitarra, amplificador y micro en ristre, una canción semi-folclórica, con tintes contestatarios, Petra Ríos metió enseguida la mano en el monedero y rebuscó unos centimitos.
Pero al lado de Petra Ríos viajaban tres representantes de esa raza que empieza a abundar ya no solo en los barrios bajos de las ciudades, sino en cualquier lado de España; gafas garrulas y enormes, ropa mal combinada, pelo cortado a cepillo o repeinado con la plancha, bisutería de fulgurante oro falso, y para rematar el asunto, un par de bolsas del Real Madrid en la mano. En fin, estos conocidos como chonis & cía. que todavía no se han dado cuenta que combinar los distintos estilos de la casticidad hispana da dolorosos resultados para los ojos y el buen gusto de las personas con dos dedos de frente. Y como no podía ser de otra manera, los delegados en el tren de chonis & cía. miraban a los dos “andinos” con esa repugnante mezcla de odio y superioridad, (mezcla que suele surgir de la ignorancia y la inseguridad).
Así que Petra Ríos decidió provocar y rebelarse a su estúpida manera, y añadió 20 céntimos más a aquella limosna que ya tenía preparada (no era mucho, no, pero es que la economía de Petra Ríos tampoco andaba como para ir repartiendo). Cuando los dos inmigrantes dejaron de cantar aquello de que luchaban por la tierra porque no les quedaba nada más, dejó caer esos centimillos en la funda de la guitarra de uno de ellos, que muy educadamente le deseó que tuviera un buen día, y se bajó del tren en busca de alguna limosna más. Chonis & cía miraron a Petra Ríos y a todos los demás donantes de nuevo con esa repugnante mezcla. Pero Petra Ríos se sintió plena con ese gesto de limosna por provocación. Al fin y al cabo, a Petra Ríos siempre le había parecido que la de ciertos artisitas es la más digna mendicidad, y además, aquellos dos músicos arrancaron una triste sonrisa a otra inmigrante, más mayor, con rasgos más andinos todavía, sentada en el mismo vagón. La misma andina, pura y dura, que Petra Ríos se encontró una fría noche de abril, mirando ausente un espejo de un Museo del Jamón en los barrios bajos de Madrid. Aunque esa historia, Petra Ríos no nos la ha contado ¿verdad?
Escrito por Gemma Jordán Vives
Escrito por Gemma Jordán Vives
Escrito por Gemma Jordán Vives
Una vez más llega el verano, y con él las prácticas, los viajes en tren y metro y los ratos libres (pocos, pero alguno). Y al igual que el año pasado, llega el momento de leer lo que a cada uno le apetezca. A mi, como a muchos mortales, me gustan las llamadas “lecturas de verano”. Y este año, igual que el pasado, estoy mezclando bastante, la verdad.




