Decía Francisco Camps la semana pasada que menos hablar de política y más de economía. Y algo parecido decía el compañero Julio Gómez en una tertulia de Ràdio l’Om en la que ambos interveníamos. Todo esto venía a cuento de las detenciones e investigaciones que se están dando relacionadas con corrupción política, urbanística y empresarial. Y yo digo que cuando se habla de este asunto, aunque parezca que es política, en realidad es economía. Porque todos los que ya han caído y los que están por caer, se aprovecharon de las graves taras de nuetro sistema productivo, comunicativo, social y económico para enriquecerse de forma fraudulente con la connivencia de los demás.
De aquellos polvos vienen estos lodos y hasta el cuello en el fango están metidos muchos. España está sumida en una crisis a la que, entre otros factores, le ha arrastrado un sistema financiero y productivo sustentado en el pelotazo, el gesto del egipcio, el “dinero Barcelona” la incompetencia y los favores entre unos pocos. Y así estamos, con la piel de toro y sus islas ahogada por la corruptela de unos y la ceguera y la pasividad de todos los demás.
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