Gürtel, los trajes, el honor y la tierra saqueada
Ayer por la tarde-noche se conoció, al fin, el veredicto del jurado popular para Camps y Costa por el caso de los trajes; no culpables, por 5 votos a 4. La sentencia levantó pronto muchísimo comentarios, tertulias, reacciones, editoriales, sensaciones y manifestaciones. Incluso una nueva acampada a las puertas del Tribunal Superior de Justicia.
Lo primero que todo el mundo afirma, claro, es que justicia es justicia y hay que acatar y respetar. Después de esto, vienen desde los que se alegran porque los dos, pero sobre todo Camps, han quedado absueltos, hasta los que reclaman la restitución de la honorabilidad del ex presidente e incluso su cargo, o que se recurra el veredicto a instancias superiores. Sea cómo sea, queda la sensación de que, tras los datos conocidos, las conversaciones escuchadas y las escenas vistas, la honorabilidad que habría que restablecer sería, más bien, la del pueblo valenciano entero. También que muchas cosas se han hecho mal en este juicio, empezando por separar una rama, la de los trajes, mínima, muy pequeña, no solo de la ramificación valenciana de la trama de corrupción, sino de todo el Gürtel en general. Una red de tráfico de influencias, de corrupción, de favores políticos y económicos y de personajes de sainete que aquí en nuestras tierras, se llevó un buen trozo de pastel, pero que actuó en otros muchos lugares de España.
Otro error ha sido el cometido por voces, posturas y tribunas que han querido convertir este juicio en uno político; olvidando que a Camps y Costa se les juzgaba por aceptar, o no, regalos a cambio de favores, no por financiación ilegal del partido y, mucho menos, por haber mal gobernado durante años la Comunidad Valenciana hasta dejarla en la absoluta ruina. Ésa es otra cuestión y más nos valdría saber separar y distinguir.
Quedan todavía muchos puntos por investigar y juzgar. Y todo esto traerá cola. Los efectos políticos no tardarán, ¿qué pasa con Campos y Betoret, acusados del mismo delito y que se declararon culpables? ¿qué pasará con Camps, Alberto Fabra y la presidencia de la Generalitat? ¿Y con gente como Ruso o Barberà, que no estaban cómodas con la forma de trabajar del nuevo presidente y que además siempre defendieron Francisco Camps? ¿Comenzará ahora de forma abierta una guerra civil y de intereses dentro del PP valenciano? Muchos interrogantes se abren ahora delante del futuro de los valencianos.
Demasiados si tenemos en cuenta los problemas gigantes que hace falta afrontar y resolver. Una nueva sacudida y más turbulencias es sin duda aquello que menos necesitamos. Continuar ocupando portadas nacionales con temas que nos provocan vergüenza de nosotros mismos es otra cosa que se nos viene encima y que no necesitamos. Pero visto el camino cogido, es nuestro destino durante unos cuantos meses, y con esto habremos de levantarnos cada día, pensando en cambiar el signo de los valencianos.


